TU NUEVA NATURALEZA

TU NUEVA NATURALEZA

'9 Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí­, os digo, y más que profeta.  10 Porque éste es de quien está escrito: He aquí­, yo enví­o mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti.'  Mateo 11:9-10 

En Mateo 11, Jesús estaba diciendo a la gente que Juan el Bautista era más de lo que pensaban; más que profeta, era parte de la profecí­a cumplida.  A través de todo el Antiguo Testamento, Dios levantó hombres y mujeres con peculiaridades, gente que en sus generaciones llamó la atención, no solo entre eclesiásticos, sino ante polí­ticos y gente de prominencia; personajes, gente excéntrica que, de primera intención, tú no pensarí­as que Dios los usarí­a.  La Biblia nos describe a Juan el Bautista como un hombre vestido de pieles, un hombre medio extraño; a Pablo, como un hombre no muy guapo, y como un predicador aburrido.  Era gente fuera de lo normal.  Y Jesús está probando quién era Juan el Bautista; la culminación de todo lo que se habí­a profetizado en el Antiguo Testamento. 

'11 De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.'  Mateo 11:11 

Dios habí­a levantado un Isaí­as, un Ezequiel; y Cristo dijo que Juan el Bautista era más grande; más que Abraham, Jeremí­as, Eliseo; y añadió que el más pequeño de nosotros, los del reino de los cielos, es más grande que Juan el Bautista.  Eso es difí­cil de asimilar.  Todo lo que tú admiras de los personajes que están en la palabra del Señor, especialmente del Antiguo Testamento, lo que ellos hicieron, no se compara a lo que nosotros debemos y podemos hacer, y sobre todo lo que tú eres para Dios hoy.  Cristo dejó claro que los que estamos en este tiempo somos más grandes que aquellos.  Tú necesitas recibir esto para poder ver realmente la grandeza de lo que Dios quiere hacer en tu vida, y entiendas la razón por la que tú todaví­a hoy estás vivo, el porqué Dios ha guardado tu vida.  El plan que í‰l tiene contigo, el propósito que í‰l tiene en tu vida, es más grande que todo aquello. 

A través de la resurrección de Cristo, tú tienes algo que ellos no tuvieron; los que hemos recibido el Espí­ritu de Dios, tenemos una naturaleza y una relación diferentes; Dios no está tratando con extraños, sino con sus hijos.  Ellos fueron profetas, lí­deres, Dios hizo milagros con ellos; pero ningún milagro se compara con el milagro que í‰l ha hecho en tu vida, de hacerte una nueva criatura, para asegurarte una vida de victoria.  Cuando tú oras a Dios, no oras a Jehová; tú oras a tu Padre que está en los cielos; y dice la Biblia que tu Padre que está en los cielos, que te ve en lo secreto, ese es el que te recompensa en público.  Todos los que fueron antes, se acercaban sin saber si Dios los iba a aceptar, presentando sacrificios; tú puedes entrar directamente al trono de la gracia, y pedirle confiadamente a Aquel que está en los cielos porque, cuando í‰l te mira, ve a Cristo resucitado en tu vida.  La obra más grande que Dios hace en la vida de una persona es hacerlo su hijo, y eso solo viene por una cosa: El Espí­ritu de Dios que entra en tu vida, y te resucita a la nueva relación que tú tienes con í‰l.  No estás separado, alejado de í‰l, y puedes tener toda confianza para acercarte a í‰l y vivir esa vida de bendición, paz y relación. 

La obra de resurrección de Cristo en ti, lo más grande que ha hecho es hacerte un hijo de Dios.  Por supuesto, Cristo aclara: Entre los que nacen de mujer.  Todos los que nacemos de mujer, de naturaleza humana, estamos limitados por el pecado, por esa naturaleza.  Aquella gente tuvo todas esas limitaciones y, con todo y eso, Dios los usó.  Y eso es lo que tú tienes que entender hoy; tu naturaleza humana, el pecado, la naturaleza carnal es un lí­mite, y la única manera en que se supera es a través del poder de resurrección de Cristo.  Tus lí­mites se rompen cuando tú entiendes qué í‰l ha hecho en ti. 

El ser humano quiere alcanzar su máximo potencial; pero todos nacemos con esas limitaciones por nuestra naturaleza carnal.  Cuando tú naces de nuevo, y mueres al pecado, y eres hecho hijo de Dios, todos esos lí­mites desaparecen.  La gente del Antiguo Testamento solo podí­a decir que nació de mujer; tú no solo naciste de mujer, sino también del Espí­ritu.  Tú gozas de una nueva naturaleza.  El mundo te conoce por la mujer de la que naciste, pero Dios te conoce por el Espí­ritu del que tú has nacido. 

Aunque el mundo quiera poner lí­mites y recordar el pasado porque tú naciste de mujer, por el poder de la resurrección de Cristo, por el Espí­ritu de Dios, tú has nacido de nuevo. 



No se trata de menospreciar a nuestros padres; son humanos, igual que cualquier otro, cometieron errores; y la Biblia dice: Honra a tu padre y a tu madre para que tus dí­as se alarguen.  Pero gloria al Señor que la naturaleza más grande tuya no viene de la herencia natural, sino de que tú eres un hijo de Dios, y el Espí­ritu es quien da testimonio de ti, y te da testimonio a ti de lo que eres y quien eres, y esa es la única manera en que tú puedes sobrepasar todo lí­mite.  Por eso es que somos más grandes que los del pasado; no porque hagamos milagros más grandes, sino porque hemos sido hechos hijos de Dios, y ellos nunca pudieron llegar a ese grado.  Cuando realizas esto, en tu vida comienzan a romperse esos viejos lí­mites, y puedes comenzar a caminar en esta tierra con la libertad para la cual Dios te ha llamado, y puedes ver este proceso en tu vida.