Tu nuevo nombre
Cuando le entregas tu vida a Dios, tu identidad cambia; comienzas a ver quién eres en Dios y a recibir esa revelación de que eres nueva criatura, de que has sido transformado
'24 Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. 27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y élrespondió: Jacob. 28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. 30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.' Génesis 32:28-30
Jacob, hijo de Isaac, era un joven que tenía un hermano gemelo, Esaú. En su juventud, Jacob comete un grande error y, cuando sale huyendo, llega a la casa de su suegro, Labán. Labán fue un suegro muy difícil, y durante una gran parte de su vida, Jacob tuvo que luchar con esto. Hasta que un día, Jacob, por órdenes de Dios para regresar a su tierra, decide salir de la casa de Labán, llevándose a sus esposas, sus hijos y todo lo que le pertenecía. Luego de su salida, antes de su encuentro con Esaú, Jacob lucha con Dios en el monte Peniel.
Lo que describen estos versos, ocurre después de Jacob haber trabajado por 20 años para Labán; años que trabajó por sus esposas, su ganado y todo lo que le pertenecía. Jacob tenía hijo, siervos y muchas riquezas; era un hombre próspero, bendecido por Dios. Pero a pesar de todo el éxito y riquezas que tenía, su alma, su mente, estaban atadas, paralizadas. Aun después que Dios le dijo que estaría con él en su salida de la casa de Labán, tenía temor; temor a lo que Labán pudiera hacer a su salida y temor de lo que pudiera suceder en su encuentro con Esaú. Los problemas habían hipnotizado a Jacob de manera tal que él no sabía quién era. Y en aquella lucha, Dios libró el alma de Jacob y cambió su nombre de Jacob a Israel, de estafador a príncipe.
Jacob era un hombre soñador que luchó durante toda su vida para alcanzar grandes cosas. Dios lo había declarado príncipe, una persona de autoridad y le había prometido que de él saldría una nación completa. Cuando le entregas tu vida a Dios, tu identidad cambia; comienzas a ver quién eres en Dios y a recibir esa revelación de que eres nueva criatura, de que has sido transformado. Serás llamado príncipe, pero solo cuando puedas tomar autoridad sobre tu propia mente. Cuando tú eres capaz de liberar tu alma porque has visto a Dios, Dios puede darte autoridad sobre tus pensamientos y sobre todo tu ser, para que puedas ver la plenitud de la vida de Dios.
Nunca un problema puede ser tan hermoso que te hipnotice y no decidas resolverlo, para que no tomes una decisión de transformar tu vida. Los problemas te han hipnotizado sin que te des cuenta, quizás por sus aires de grandeza, por lo complicado, lo difícil, y te han dejado sin tomar una decisión, esperando que otros lo resuelvan. Pero recuerda que los problemas no están para ser contemplados, los problemas están para ser resueltos, y todo aquel que los resuelva y libere su alma, será quien podrá ser llamado príncipe de Dios.
Hoy, recuerda las promesas que Dios te ha dado; íl te ha dicho que estará contigo. Está rayando el alba, estás al comienzo de un nuevo tiempo, de una nueva temporada y lo peor que puede pasar es llegar al comienzo de una nueva temporada y que tu alma aún no haya sido libre. Declara que tu alma va a ser libertada de cualquier atadura, cualquier problema que te haya hipnotizado, que te haya detenido. Tu alma es librada de toda amargura; todo lo que sucedió hasta hoy, se quedó atrás.
Declara: Mi alma fue librada, he visto a Dios cara a cara, y todo aquello que me impedía alcanzar lo que Dios tenía para mí, hoy se queda en el altar. Entra a esta nueva temporada dándole gracias a Dios porque has recuperado tu mente, tus pensamientos, y puedes enfrentar lo que venga con la confianza y la certeza de que Dios te ha dado la victoria y bendición.
Tu alma va a ser librada y, desde hoy, serás un príncipe, teniendo autoridad sobre tus pensamientos, sobre tu mente. Se acabó el estar estancado, el estar mirando a tu alrededor las cosas que te han detenido. Vas a entrar a esta nueva temporada, cuando raya el alba. Si tienes que luchar un día más, hazlo, pero hazlo hasta que el problema se resuelva, hasta que salgas de esa necesidad.
Trabaja, lucha hasta el final para que puedas decir: No hay obstáculo que me pongan de frente que yo no vaya a conquistarlo; si fallo, fallo intentando. Mejor es fallar intentando, que nunca intentar. Si lo permites, tu primera derrota será paralizarte y no luchar con el problema por miedo a fracasar.
El Espíritu Santo vendrá sobre tu vida de manera tan especial que tu nombre cambiará; ya no te llamarán miedoso, ahora te llamarán príncipe. Serás príncipe, tendrás autoridad de tus pensamientos, tendrás control de tu vida.