FE ARRIESGADA

El pueblo de Israel entró en esclavitud porque se sujetó al sistema de Egipto.  Todo comienza con sueños, con pensamientos de escasez; y su reacción ante el problema económico fue ir a Egipto.  Esto pasó con Abraham, y le trajo problemas; el rey se fijó en su esposa, y Abraham la regaló.  Nadie puede pensar que va a entrar a Egipto, y va a salir igual que como entró.  Aun el padre de la fe comete ese error, y pagó consecuencias; Sarah quedó estéril, y la manifestación de la promesa quedó retrasada por décadas.  Luego, Isaac, vive un momento de hambre, y su respuesta es, también, ir a Egipto.  Pero Dios lo detiene, Isaac obedece, y Dios lo bendice, a pesar de las circunstancias que estaban viviendo. 

Luego, el pueblo de Israel entra en Egipto, a través de Jacob.  Pero, en esta ocasión, Dios había posicionado a José dentro de Egipto.  Dios tornó un error en una bendición, dándole un lugar de prominencia a José; Dios se encargó de hacer provisión para su pueblo.  Dios es capaz de tornar, aun tus malas decisiones, en grandes oportunidades y bendiciones. 

Mientras José estuvo allí, el pueblo de Israel disfrutó grandes libertades dentro de Egipto.  Podían servir a Dios, vivían en Gosén, tenían su propia identidad.  Pero, cuando muere José, el nuevo faraón se olvida de él.  El pueblo comienza a crecer, a multiplicarse; entra el temor, el miedo a la escasez, a los problemas; y Egipto resuelve oprimir al pueblo de Israel.  Esto no fue una esclavitud de un día para otro.  El pueblo estuvo jugando por años con su relación con Egipto, hasta llegar a ser víctimas y esclavos.  Y el deseo de Dios era siempre levantar un pueblo especial, un pueblo suyo, uno con el cual Él tenía un pacto. 

En Éxodo 12, lo que observamos es la emancipación de un pueblo que Dios quería liberar de una mentalidad de esclavitud a una mentalidad de pacto, a una relación de pacto.  En toda relación, es necesaria la transición correcta de una etapa a la otra, para que se lleve a cabo de una manera sana.  Esto evita tener que trabajar más adelante con cosas que serían muy complicadas e innecesarias.  No era meramente liberarlos físicamente, sino mental y espiritualmente, para que pudieran alcanzar el propósito de Dios para su vida.  Muchos quieren ser libres de deuda, pero el problema es que, si les dieran un trabajo nuevo y un nuevo sueldo, probablemente se comprarían un carro más caro.  Ese salario más alto es la oportunidad que Dios te está dando de ser libre de deudas, no de tomar una deuda más grande.  Hasta que tú no saques la deuda de tu corazón, nunca saldrás de las deudas.  Tiene que haber un proceso de madurez, una transición a través de la cual posiciones tu mente para tener las experiencias correctas. 

En Éxodo 12, lo que vemos es Dios emancipando un pueblo de la forma correcta para que tengan con Él una relación de pacto.  Todas las experiencias que Dios les da tenían ese propósito.  Matar el cordero no era porque sí.  Sentarse a la mesa no era un capricho, sino para que el pueblo entendiera que, si iban a salir, sería en familia; porque tú no podías pensar que ibas a salir solo de aquel lugar, y que todo lo que habías vivido no había afectado tu familia.  Era necesario regresar al aspecto básico de las relaciones humanas, porque la servidumbre de Egipto sobre tu vida, cancela toda relación humana, cancela tu ánimo, tu espíritu, tu estado emocional.  Cuando tú vives oprimido, no puedes tener relaciones correctas con nadie.  Para poder experimentar lo que Dios tiene para tu vida, Él tiene que emancipar tu mente, tu espíritu, para sacarte de la esclavitud y llevarte a la libertad de ser un pueblo que tiene un pacto con Él.  Eso es lo que Dios estaba haciendo con el pueblo de Israel, y el pueblo no lo entendió, nunca se emancipó de Egipto; pero, para tú vivir como una persona de pacto con Dios, tienes que vivir siempre con una fe arriesgada. 

Vivir en un pacto con Dios, no es tener todas las cosas seguras naturalmente.  Y el pueblo de Israel prefirió ser esclavo, prefirió la ansiedad y estrés del trabajo, de la imposición, antes que la fe arriesgada de creer que Dios va a proveer mañana.  Prefirieron mejor decir: Regreso a Egipto –aunque no volvieron, porque ya después que Dios los sacó no les iba a permitir regresar; mejor los dejó morir en el desierto, pero para atrás no irían.  Pero, en sus mentes, se quedaron atrás; preferían el estrés y la ansiedad de ser esclavos, que la fe arriesgada necesaria para ser un hijo de Dios. 

Para tú caminar como un hijo de Dios, tú necesitas una fe arriesgada.  Tienes que creer que el maná va a caer mañana, y que, aunque no tengas todo lo que tú necesitas hoy, mañana Dios va a proveer.  Eso es una fe arriesgada.  Tienes que saber que Dios es el que te va a proveer, el que te va a dirigir; que, cuando se mueva la nube es que tienes que caminar.  No te mueves por las emociones, o porque el otro se movió, sino porque Dios se mueve, y tú le sigues.  En una fe arriesgada, tú no sabes todo; lo único que sabes es que Dios guía tus pasos.  Escoge ese estrés, antes que el estrés de vivir bajo la presión de la esclavitud. 

Prefiere el estrés de la fe, de creer que algo bueno va a pasar, al estrés de la esclavitud. 

Pero la gente prefiere certidumbre a incertidumbre.  Y el que vive por fe, tiene que aprender a manejar la incertidumbre.  Tu grado de fe está basado en el nivel de incertidumbre que tú puedes manejar.  Si tú no puedes manejar incertidumbre, no puedes tener fe.  Y el pueblo de Israel no pudo hacerlo; solo dos lo lograron.  Pero con dos es suficiente para que Dios entre a una nueva generación a la tierra prometida.