TUS LAGRIMAS NO TE DEJAN VER

TUS LAGRIMAS NO TE DEJAN VER

'11 Pero Marí­a estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús habí­a sido puesto.'  Juan 20:11-12 

¿Has tratado de ver algo mientras lloras?  ¿Puedes tú apreciar algo bien cuando estás llorando?  Marí­a, llorando, estaba tratando mirar; y cada vez que tú miras mientras lloras, no ves lo que Dios está haciendo.  Tus lágrimas siempre van a distorsionar lo que Dios está haciendo en tu vida.  Por eso, muchos, en la casa del Señor, ante las experiencias más gloriosas, más grandiosas, están confundidos.  No es la situación la que te confunde, sino el tratar de mirar a través de tus lágrimas. 

'13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 14 Cuando habí­a dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí­; mas no sabí­a que era Jesús.'  Juan 20:13-14 

Esta mujer tiene la experiencia de estar frente al milagro más grande, más poderoso, y no lo pudo reconocer.  Eventualmente, conoce que se trata de Cristo, pero estuvo a punto de perder una experiencia gloriosa, por estar tratando de mirar a través de sus lágrimas.  De la misma manera, tú puedes tener delante de ti la experiencia más grande con Dios, pero si la miras a través de tus lágrimas, vas a cuestionar dónde está Jesús.  Sus lágrimas la hací­an perder de vista lo que Dios estaba haciendo; hací­an que ella no pudiera ver que se habí­a cumplido la Palabra. 

Cada promesa de Dios para tu vida, está a punto de cumplirse; Dios ha estado haciendo una obra en ti, y pronto vas a ver el resultado.  ¿Por qué no lo has visto?  Porque estás tratando de mirar a través de tus lágrimas, que no te dejan ver lo que Jesús está haciendo. 

Las lágrimas de esta mujer eran lágrimas de amor; ella amó realmente al Señor.  Hay teólogos que creen que Marí­a Magdalena fue la mujer que derramó el pote de alabastro a los pies del Maestro.  Si creemos esto, podemos decir que vemos a Marí­a con la misma intención al momento de ir a la tumba.  Ella derramó el pote de alabastro a los pies de Cristo, dice la Palabra, para expresar su amor por el perdón que habí­a recibido.  Pero Jesús dijo: Esta mujer se ha adelantado a los tiempos porque ha ungido mis pies para lo que yo voy a pasar.  Cuando muere Jesús, ella siente que no habí­a hecho suficiente, y ahora lleva especias y aceites para seguir ungiendo el cuerpo de Cristo.  Para aquella mujer, todaví­a ella no habí­a terminado de hacer por Jesús todo lo que ella creí­a que debí­a de hacer.  Eso creó un vací­o en ella que le hace llorar frente a la tumba, sin darse cuenta que ya todo habí­a terminado y que todo estaba bien. 

La experiencia de esta mujer a los pies de Cristo era una de perdón.  La Biblia dice que Simón cuestionó lo que ella estaba haciendo; a lo que Cristo respondió con una pregunta: '¿Quién ama más?  Un hombre perdonó a sus deudores; uno tení­a una deuda más grande que la del otro.  ¿Cuál de los dos le amó más?'  Y Simón respondió que aquel al que más se le perdonó.  Y Jesús dijo: Bien has dicho, porque al que más se le perdona, más ama.  Cristo estaba diciendo que aquella mujer sabí­a cuánto se le habí­a perdonado, y ella amaba de acuerdo al grado de lo que ella cree que se le perdonó.  Entonces, Jesús le dice a Simón: Desde que llegué, no me diste agua, no me diste un beso, pero esta mujer no ha dejado de limpiar mis pies; esta mujer entiende todo lo que yo he hecho por ella.  Derramar aquello a los pies de Cristo era un acto de verdadero amor, de agradecimiento, y de sentirse totalmente perdonada.  El detalle está en que, para ella, no era suficiente lo que ella habí­a hecho en aquel momento.  De la misma manera, aunque Dios ha hecho de nosotros personas nuevas, todaví­a sentimos en nuestro corazón que tenemos que hacer más para poder alcanzar lo que Dios quiere que nosotros veamos en nuestra vida. 

La tristeza de esta mujer era no haber hecho todo lo que ella pensaba que tení­a que hacer; y aquella amargura la llevaba a llorar y mirar a la tumba y no poder ver la obra de Cristo en ella.  Tú tienes que amar a Jesús como nadie lo ama.  Tú tienes que hacer por él lo que nadie hace.  No limites tus expresiones de amor por él a pesar de lo que la gente diga, de que critiquen.  Aquellos que hemos sido perdonados más, definitivamente, vamos a caminar en expresiones de amor más grandes.  Pero tiene que llegar un punto en que tú entiendas que no son tus expresiones de amor lo que hacen de ti una nueva criatura, sino la obra de él completada en tu vida lo que te da esa experiencia gloriosa, sobrenatural.