EL ARCA DEL PACTO

EL ARCA DEL PACTO

Dentro del arca habí­a tres cosas, que Dios pidió que se pusieran allí­: Maná, las tablas de los diez mandamientos, y la vara de Aarón. 

En el desierto, la provisión diaria de maná caí­a del cielo.  Lo que se guardara para el próximo dí­a, se dañaba.  Pero aquel maná que estaba en el arca, no se dañaba; porque, cuando tu provisión está, según ordenada por Dios, ante su presencia, no se daña. 

Los diez mandamientos eran las reglas, la manera en que Dios querí­a que el hombre se condujera.  Cuatro de ellas trataban la relación entre Dios y el hombre, y las otras seis, la relación entre los hombres.  No eran para condenar al pueblo, sino para asegurar su prosperidad.  Por eso, en el libro de Josué, Dios dice: Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de dí­a y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.  Tú prosperas tu camino, si haces lo que Dios pide. 

Dios escoge a Aarón como sumo sacerdote, y el pueblo se molestó.  Para que quedara clara la elección de Dios, se mandó traer a cada uno una vara, y la que floreciera, serí­a la del lí­der llamado por Dios.  La vara que floreció fue la vara de Aarón. 

Así­ que, cuando el pueblo veí­a el arca, miraba tres cosas: La provisión de Dios, el orden divino para vivir, y lo importante de respetar las decisiones y las autoridades divinas. 

Dios provee para tu vida, y cuida de ti.  í‰l quiere una relación contigo; tienes que cuidar tu relación con él, y tu relación con los demás.  Y hay una autoridad que Dios ha puesto, que ha sido confirmada por í‰l, y no puedes vivir en rebelión.  Esto es importante, especialmente en tiempos tan confusos como los que estamos viviendo.  Se están pasando leyes para acomodar pequeños grupos que, en realidad, son los que deberí­an acomodarse a la mayorí­a, porque eso es democracia, donde la mayorí­a manda.  Pero no; nos están complicando la vida a la mayorí­a, por una minorí­a que quiere escoger el baño que quiere usar, por mencionar tan solo un ejemplo.  En contraste, cuando miramos las cosas de Dios, son tan simples que, a veces, no podemos entender lo valiosas e importantes que son. 

Tu vida debe ser simple.  Se trata de entender que Dios provee para tu vida, que í‰l cuida de ti, que cuando tú estás ante la presencia del Señor, no le puede dar gusanos a la provisión de tu vida.  Dios te va a bendecir, í‰l te va a prosperar.  Las reglas que hay que seguir son sencillas; Cristo las resumió en solo dos: Amarás a Jehová, tu Dios, sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a ti mismo.  Teniendo esto claro, habrá orden en tu vida. 

Aunque el mundo esté confundido, tú no puedes estarlo.  Aunque el mundo no entienda, tú sabes quién es el que dirige tu vida.  Si el gobierno está confundido, eso es problema de ellos, pero en tu casa, miras el arca, la presencia de Dios, y celebras lo que í‰l ha prometido hacer en tu vida, en tu hogar, y es por él que debes dejarte dirigir todos los dí­as de tu vida. 

En 1 Samuel 5:1, en adelante, se nos narra el momento en que los filisteos se llevan el arca de Dios.  Los filisteos pusieron el arca en casa de Dagón, su dios, y al otro dí­a, tuvieron que levantar la estatua de Dagón y volverla a su lugar, porque la encontraron postrada ante el arca del pacto.  Al dí­a siguiente, una vez más, la estatua estaba postrada ante el arca, y esta vez perdió la cabeza y las manos, quedándole solo el tronco.  Pero el pueblo filisteo continuó en rebeldí­a, y comenzaron a llegar plagas.  Es entonces que realizan que tení­an el arca de Dios, y la llevan a casa de Abinadab, quien se lamenta porque pensaba que aquella arca le traerí­a problemas a él también, pues no habí­a entendido que el problema no era el arca, sino los que estaban alrededor, por no reconocer lo que ella representaba. 

Muchos están en problemas por no entender las señales.  Encontrar la estatua de Dagón tirada en el piso, debió ser una señal.  Hay cosas que, cuando tú no las has hecho de la forma correcta, se caen, y tú vuelves y las paras, pero al otro dí­a, no tienen ni manos ni cabeza.  Pero tú sigues con tu vida como hasta el momento, y las cosas empeoran; porque no es hasta que tú pones tu vida en orden con la presencia de Dios y te sometes a la presencia de Dios, que tú comienzas a ver el cambio en tu vida y la de los tuyos. 

Si el paí­s está mal, no tiene que estar mal para ti; si las circunstancias están mal, no tienen que estar mal para ti; pero están mal para aquellos que no reconocen la presencia de Dios, y no entienden que Dagón, los í­dolos de tu vida, tienen que caer delante de la presencia del Señor.  No puede haber nada que permanezca de pie, delante de la presencia del Señor. 

Si hay algo que tú tienes que arreglar, llegó el momento de que lo reconozcas, y alinees tu vida delante de la presencia del Señor; porque es alrededor de la presencia de Dios que tu vida va a ser bendecida.  Los í­dolos que tú habí­as levantado no son los que proveen para tu vida.  Tu trabajo no es tu proveedor; Dios es tu proveedor, y usa tu trabajo para proveerte.  Si Dagón se fue –el í­dolo de tu trabajo – pero Dios está ahí­, Dios te va a prosperar, dondequiera que tú vayas, dondequiera que tú estés; cuando tú te hayas alineado.