DEJA DE DAR TANTA VUELTAS

Nostalgia es idealizar una parte de tu pasado; pero ese no fue todo tu pasado, sino tan solo un pedazo.  ¿Por qué no mejor idealizar un pedazo de tu presente? 

Cuando Dios saca de Egipto al pueblo judí­o, lo único que ellos recordaban era el pescado de balde.  No recordaron todos los azotes que recibieron, o la sobrecarga de trabajo.  Porque, cuando a uno le da nostalgia, uno recuerda lo que uno quiere idealizar para contrarrestar el momento presente.  Pero, ¿por qué no idealizaban lo bueno que Dios estaba haciendo, para de ahí­ partir hacia el futuro que Dios tení­a para ellos?  Por eso es que la nostalgia puede convertirse en el asesino de tu futuro, y detenerte de entrar a todo lo que Dios tiene para ti. 

'18 No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. 19 He aquí­ que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y rí­os en la soledad.'  Isaí­as 43:18-19 

Dios está diciendo: Yo hago cosa nueva, ¿no lo vas a reconocer, no lo vas a percibir?  Hay quienes, hoy, están asustados por las cosas que están pasando en el mundo.  Queremos mejorí­a, pero vemos cambios y nos asustamos.  Dios dice que él está haciendo algo nuevo, ¿no te vas a atrever a recibir lo que Dios tiene para tu vida, lo nuevo de Dios para ti? 

Tú tienes que estar listo para la nueva temporada de Dios para tu vida.  La mano providente de Dios está sobre ti; él te da la victoria, te lleva de gloria en gloria, de triunfo en triunfo.  No hay miedo que pueda detener el futuro que Dios tiene para ti; prepárate para recibir lo nuevo de Dios, confiando en que el Dios al que tú le sirves sabe lo que te conviene, y eso es exactamente lo que él tiene para ti.  Lo mejor de tu vida está cerca.  Olvida la nostalgia por tu ayer, lo que el mundo ha pensado, lo que otros hablan.  Tú no necesitas intervención del gobierno ni de nadie más; tú lo que necesitas es que la mano poderosa de Dios intervenga en tu vida, porque eso es todo lo que hace falta para asegurar tu futuro. 

Recordar el pasado, el ayer, e idealizarlo más de lo debido, es un problema.  No se trata de no honrar a aquellos que vivieron en el pasado, o no celebrar a aquellos que se atrevieron a tomar decisiones en momentos cruciales; pero tú tienes que decir: Llegó el momento de movernos hacia adelante, hacia el futuro, y no voy a permitir que la nostalgia de lo que fue, o de lo que pudo haber sido pero no fue, me detenga de lo que Dios tiene para mi vida.  Si te detienes por la nostalgia, te quedarás en el pasado. 

El pueblo de Israel no entendí­a lo que Dios le querí­a decir; ellos querí­an que Dios hiciera exactamente lo mismo que hizo en el pasado.  Dios dijo que abrirí­a rí­os otra vez, pero no es que fuera a abrir nuevamente el Jordán, o el mar Rojo.  En Isaí­as 43, el pueblo de Israel estaba bajo el cautiverio de Babilonia, un cautiverio diferente al sufrido en Egipto.  En Egipto fueron esclavos, fueron abusados; en Babilonia eran cautivos, tení­an ciertas libertades, pero eran oprimidos por el gobierno de Babilonia, que gobernaba ciertas áreas de su vida.  Pero ellos esperaban que Dios los libertara de la misma manera que los libertó de Egipto.  Pero Dios les estaba diciendo que él harí­a algo nuevo para ellos.  Aquella situación no se podí­a resolver de la misma manera.  Dios tení­a que hacer algo nuevo. 

Lo que funcionó para sacar al pueblo de Israel de Egipto, no iba a funcionar para sacar al pueblo de Israel de Babilonia; pero sí­ sigue siendo el mismo Dios.  El mismo Dios que te libertó en el pasado, es el Dios que te va a libertar en esta época. 

Muchas veces, hacemos de los procesos de transición, lugares permanentes.  Toda transición es difí­cil, complicada.  Gente entra y sale de tu vida; gente que te critica, te abandona; gente se une a ti; hay lucha, batalla.  Pero, cuando te amarras a la nostalgia, permaneces en una transición permanente, convirtiéndola en un proceso de aberración.  Y entonces comienzas a aceptar cosas que no tení­as que aceptar, comienzas a conformarte a esas épocas, a esos momentos.  El no tomar acción, hace que esas cosas que debieron ser permanentes, se vuelvan parte de ti.  Por eso es que hace falta una instrucción de Dios que, desde el cielo, te declare que llegó el momento de salir. 

Deuteronomio 2 dice que Dios le dijo al pueblo: Bastante tiempo han estado dando vueltas en este monte.  Y tú, hoy, bastante tiempo has estado dando vueltas alrededor de tu situación, has estado bastante tiempo dándole vueltas al asunto; si vas a levantar una empresa o no la vas a levantar, si te vas a mover o no te vas a mover.  Has estado pidiendo señales a ver si te casas o no te casas, si compras la casa o no la compras; esperas cambios polí­ticos para tomar decisiones, y aceptas cosas que nunca deberí­as aceptar, esperando los cambios que el mundo traiga, para ver si te dan permiso a hacer lo que Dios quiere que tú hagas.  Pues hoy Dios te dice: Ya se acabó eso de estar dando vueltas al mismo monte.  Dios no te hizo para dar vueltas en el desierto tanto tiempo.  Llegó tu momento de moverte hacia adelante, tu momento de emprender, de alcanzar, de dejar lo que tienes que dejar, quitar lo que tienes que quitar, y moverte a lo que Dios tiene para tu vida.