DIOS DICE; LLENAR NO ES SUFICIENTE

'Y la tierra estaba desordenada y vací­a, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espí­ritu de Dios se moví­a sobre la faz de las aguas.'  Génesis 1:2 

El concepto del vací­o, y sus consecuencias, lo vemos en múltiples ocasiones, a través de la Biblia.  El aceite de la viuda comenzó a escasear, las tinajas comenzaron a vaciarse; cuando las cosas se vací­an, el asunto se complica.  Aun en la iglesia, encontramos gente vací­a.  Van a la casa del Señor, estudian la Palabra, pero lo que hacen está vací­o.  Dice la Biblia 'con sus labios me honran, pero su corazón está lejos de mí­'.  Oyen la Palabra, el Espí­ritu se mueve, pero ellos salen de la misma manera.  Interesantemente, en Génesis 1:2, vemos que el Espí­ritu se moví­a sobre la faz de las aguas, pero continuaban el desorden y el vací­o; porque Dios se puede mover en un sitio, pero hasta que no se dé la orden para que se restaure, í‰l no se mueve a favor de eso que está vací­o. 

A Dios no le amedrentan el vací­o ni el desorden; í‰l es atraí­do a ordenar las cosas. 

Uno de los problemas del ser humano es la sensación de vací­o en su interior; y es que tú no puedes llenar el vací­o, sino hasta que primero tú ordenas aquello que lo provocó.  La tierra se vací­a porque primero se desordena.  Cuando hay desorden, se provoca vací­o, y esto trae tinieblas, oscuridad en la mente, en el corazón de una persona, donde no puede ver más nada, sino que todo se oscurece a su alrededor.  Hay gente tratando de llenar los vací­os y salir de la oscuridad, sin darse cuenta que tú no puedes llenar algo que está en desorden. 

Sientes vací­o en tu matrimonio, porque hay algo en tu mente, en tu corazón, en desorden en tu relación; hay un pensamiento, unas actitudes, unas acciones que ordenar.  Y, tan pronto tú ordenas, comienzan a llenarse las cosas. 

Dios separó las tinieblas –que es el primer paso para ordenar – y, entonces, comienza a llenar.  Separó los cielos y, entonces, puso aves y animales.  Separó las aguas de la tierra y, entonces, pudo llenar las aguas de peces, y la tierra de animales.  Dios no trató de llenar la tierra mientras estaba mezclada con las aguas; solo los anfibios habrí­an sobrevivido.  Dios primero ordenó, luego llenó; y, luego, Dios bendijo aquello con lo que llenó, para que se multiplique; porque llenar no es suficiente, si no se multiplica. 

Esta es la fórmula de la multiplicación divina: Ordenas, para llenar, bendecir y multiplicar.  Dios ordenó la tierra, la llenó, proclamó palabra sobre ellos, y les dijo: Multiplí­quense.  Luego, puso al hombre en la tierra, lo llenó de su Espí­ritu, lo bendijo, y le dijo: Multiplí­cate, llena la tierra y toma dominio sobre ella. 

No es suficiente creer que Dios te suple; es vital creer que í‰l quiere que tú te multipliques. 

Tener hijos es una manera de multiplicarte.  Te multiplicas al hacer discí­pulos, al compartir con otro la Palabra que transformó tu vida.  Dios puso a Adán en el huerto del Edén, y le dijo: Multiplica.  La meta era que Adán reprodujera aquel huerto a través de toda la tierra.  Lo que tú recibes, debes compartirlo con otros; ese es el mandato: Que nos multipliquemos, que llenemos la tierra, que seamos más los que servimos y creemos a Dios.  Esa debe ser tu meta, y tú debes entender el proceso a través del cual esto se puede lograr.  Dios inicia este proceso poniendo orden, llenando, bendiciendo y multiplicando. 

El problema fue que el hombre abrió una puerta al pecado.  El pecado no entró en el huerto, sino hasta que entró primero en Adán.  Tú nunca ves los resultados externos de inmediato, pero cuando el pecado se mete en tu vida, eventualmente lo vas a ver afuera.  El huerto se distorsionó por completo, pero no de primera intención.  Lo que ocurrió fue que, como la orden seguí­a siendo la misma –multiplí­cate – lo que multiplicó fue el pecado. 

Génesis 6 nos habla de la maldad de los hombres y de cómo se habí­a multiplicado.  Luego, el verso 8, dice: Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.  Cuando Dios ve que lo que el hombre está multiplicando es la maldad, decidió ponerle fin a todo aquello.  Aquella era la opción de Dios, porque í‰l no era el que se multiplicaba en la tierra, sino Adán.  Dios necesita de un hombre que se pueda multiplicar para í‰l poder hacer una nueva creación. 

Te preguntas por qué Dios no se mete en tu paí­s, y es que í‰l está buscando uno que í‰l pueda decir: A través de ese, voy a traer orden.  Dios no puso en sí­ mismo el poder de multiplicación, sino en los hombres.  Así­ que, si quieres ver una nueva creación en tu paí­s, en tu casa, en tu familia, o Dios saca todo, o consigue a uno que í‰l pueda usar para multiplicar una vez más.  Dios escoge a uno que halle gracia, en medio de la maldición. 

Mientras en tu casa se multiplican los divorcios, las bancarrotas, los problemas, a través de los tiempos, de las generaciones, Dios tiene dos opciones: O encuentra a uno, o erradica.  Pero Dios siempre está buscando a uno que í‰l pueda usar para hacer una nueva creación. 

Eres tú quien tiene que activar la nueva creación, la fórmula de la multiplicación.  Tus generaciones no tienen que vivir de la misma manera.  Dios está buscando a alguien que le crea, alguien que, aunque todo se esté perdiendo, esté dispuesto a que Dios le use para hacer una nueva creación.