DIOS LO VA HACER APRESURADAMENTE

Según la escritura en í‰xodo 12, cada familia del pueblo de Israel tení­a que escoger el cordero el dí­a diez, y guardarlo por cuatro dí­as.  Por cuatro dí­as, habí­a que cuidar aquel cordero.  Habí­a que cocinar el cordero de manera especí­fica, y habí­a además que comerlo de manera especí­fica. 


'11 Y lo comeréis así­: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.'  í‰xodo 12:11 


Todo este proceso de preparación, y la manera en que el pueblo debí­a estar al momento de comer el cordero, lo que sugiere es que Dios querí­a que el pueblo estuviese a la expectativa de lo que í‰l iba a hacer, a la expectativa de que lo que Dios iba a hacer, lo harí­a apresuradamente. 


En nuestros paí­ses, una de las peores cosas es que todo toma demasiado tiempo.  Y es decepcionante cuando las cosas se tardan tanto.  Pero Dios le dice al pueblo: Esto va a pasar rápido; llegó el momento; vas a comer el cordero apresuradamente, con el calzado en tus pies y tus lomos ceñidos, porque lo que yo voy a hacer, lo voy a hacer rápido. 


Prepárate, ponte a la expectativa de algo va a ocurrir, algo va a pasar, algo Dios va a hacer; llegó el dí­a de libertad. 


Muchos van a la iglesia, pero no tienen expectativa de que Dios vaya a hacer algo rápido en ellos.  Tú no te puedes sentar en la casa de Dios, a la mesa, y no creer que Dios vaya a hacer algo rápido.  Tienes que creer que Dios puede traer cambios a tu vida rápidamente; no tienes que esperar diez años, veinte años.  En este tiempo, Dios puede transformarte.  Hoy estás en opresión, pero si tú le crees a Dios, mañana podrí­as estar caminando hacia la libertad de todo lo que Dios te ha prometido. 


Cada vez que tú te sientas a la mesa a comer, tú tienes que tener expectativa.  Este mundo se atrasa, el mundo trata de atrasar tu salida, pero ya basta del atraso del mundo.  Faraón te atrasó, te detuvo por más tiempo del debido.  Dios le dijo a Abraham que, a los cuatrocientos años de esclavitud, ellos saldrí­an, y se atrasaron por treinta años.  Esto, porque Moisés estuvo en el desierto cuarenta años, después que Dios habí­a preparado todas las cosas, por un error que cometió.  Mientras Moisés no entrara en el propósito de Dios para su vida, Dios no podrí­a libertar al pueblo.  ¿A cuánta gente tú estarás atrasando por tú no entrar en lo que tú deberí­as entrar? 


El error que tú cometiste, que te ha hecho dar vueltas en el desierto, también está atrasando a todos aquellos que deberí­an estar entrando; pero ya después que Moisés decidió hacer lo que tení­a que hacer, entonces le dijo a todo el mundo que se prepare, que comieran el cordero rápido.  Hoy, tú tienes que despertar.  Puede que tú seas Moisés, o puede que tú estés a la mesa.  Si eres Moisés y estás dando vueltas en el desierto porque un error de tu pasado te ha hecho dar vueltas en un lugar que no es el que Dios tiene para tu vida en este tiempo, entonces levántate y entra en el propósito de Dios, porque la vida de otros está atrasada porque tú no has entrado en todo lo que Dios tiene para ti.  Pero tan pronto entres en todo lo que Dios quiere para ti, lo que Dios va a hacer, í‰l lo va a hacer rápidamente. 


Tú no deberí­as comer de esta palabra, de este cordero, sin expectativa de que algo va a cambiar pronto.  Recí­belo.  Algo va a ocurrir.  Dios va a hacer algo rápido.  Dios mismo se cansó de que tú estés donde estás, y í‰l quiere moverte a una nueva dimensión, y cuando Dios lo haga, lo va a hacer rápidamente.  Una noche estabas preso, y al otro dí­a serás libre. 


El problema es que ya no hay expectativa.  Nunca te sientes a la mesa sin expectativa de que Dios quiere hacer algo urgente.  Dios puede tornarlo todo en un instante.  Todo lo que hace falta es que se levante un Gedeón, un José.  Lo que hace falta es que Moisés entre en el lugar que tiene que estar; lo que hace falta es una Ester que entre en la recámara del rey y haga lo que tiene que hacer para que el pueblo de Israel sea libertado.  Todo lo que hace falta es que alguien entre en el propósito de Dios para su vida, que alguien reciba esta palabra con expectativa. 


Tú no vas a tener que esperar más.  Algo Dios va a hacer, y lo va a hacer pronto. 


Que la esclavitud del pasado no quite tu expectativa de lo grande que Dios quiere hacer contigo.  Que el tiempo de espera no te haga sentarte a la mesa, con duda de que algo pueda pasar.  Recibe esta palabra con la expectativa de que algo grande viene para tu vida.  Dios va a hacer algo grande contigo, y lo va a hacer pronto.  


Dios es eterno y tú no lo eres; así­ que, lo que í‰l va a hacer contigo, más vale que lo haga pronto.