DIOS NO ES LENTO

'11 La palabra de Jehová vino a mí­, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremí­as? Y dije: Veo una vara de almendro.[a] 12 Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro[b] mi palabra para ponerla por obra.'  Jeremí­as 1:11 

Jeremí­as estaba dando excusa tras excusa por las que pensaba que Dios no podí­a usarle; hasta que, finalmente, Jeremí­as vio lo que Dios querí­a que él viera.  Tú tienes que mirar correctamente en el mundo espiritual, para poder ver cómo Dios se está moviendo en tu vida.  í‰l se mueve en tu vida, apresuradamente. 

Varios errores afectan nuestra perspectiva.  Entre estos, permitir que otros establezcan lo que deberí­a estar pasando en tu vida.  Una de las cosas que te hace perder de perspectiva la velocidad de Dios en ti es cuando tú aceptas pensamientos de otros, de lo que ellos creen que deberí­a pasar en tu vida.  Te dicen que ya deberí­as haberte casado, o tenido hijos; pero, ¿qué le importa a la gente?  El tiempo de Dios para ti es diferente al de otros.  No estás tarde, estás en el tiempo de Dios.  No te pongas presión por lo que otro te diga.  Quí­tate la presión de los 'deberí­a'.  Deja que Dios trabaje contigo en el tiempo apropiado.  No afectes tu percepción porque esto afecta lo que Dios puede hacer en tu vida en su tiempo. 

Para Dios, no hay tal cosa como joven o anciano; Dios puede llamar a un viejo, como puede llamar a un joven; í‰l puede usar a un David, como puede usar a un Moisés; puede llamar a un Pablo, y también a un Timoteo; í‰l puede usar a cualquiera a cualquier edad.  Para que llegara el cumplimiento de la venida de Jesús, Dios tuvo que usar a una joven y a una vieja; Elizabeth y Marí­a.  Dios tuvo que unir dos tiempos para que se cumpliera una palabra.  Elizabeth tení­a que dar a luz a Juan el Bautista; Marí­a, a Jesús.  Si Juan el Bautista hubiera nacido después de Jesús, no hubiera sido Juan el Bautista porque, para serlo, tení­a que nacer antes.  Cada uno tiene su tiempo, y tu percepción del tiempo te puede limitar en lo que Dios quiere hacer contigo. 

Dios puede acelerar el cumplimiento de su palabra en tu vida.  Lo primero es que te quites de la cabeza que Dios es lento.  El hecho de que tú no veas hoy la manifestación de ciertas cosas que tú quieres, es por muchas razones; quizás es algo que Dios nunca planificó para tu vida; quizás no es el tiempo todaví­a.  Las razones sobran; pero tú no puedes decir que Dios es lento porque tu circunstancia te haga pensar que lo es.  Analiza un momento: ¿Se tardó mucho Dios en redimir el pecado de Adán?  ¿Tomó mucho tiempo en redimir, en salvar Dios al hombre?  La respuesta sencilla es: No.  El hombre peca, y pasan unos cuatro mil a seis mil años en lo que Jesús llega.  Eso es mucho tiempo, para nosotros; pero, cuando analizamos, ¿cuánto tiempo estuvo Jesús muerto?  Tres dí­as.  ¿Qué era lo que tení­a que pasar para que el hombre recibiera redención?  ¿Que Jesús viniera, o que muriera y resucitara?  Que muriera y resucitara.  Así­ que, redimir al hombre no le tomó a Dios seis mil años, sino tres dí­as.  Pagar el pecado del mundo, lo que le tomó fueron tres dí­as.  Ahora, tres dí­as comparados con seis mil años, es poco; pero, si tú te enfocas en los cuatro a seis mil años desde que el hombre peca, entonces, para ti, Dios tardó mucho; viéndolo desde el concepto espiritual, redimir al hombre tomó tres dí­as.  Jesús se presentó en el cielo, buscó a los que estaban en el Seol, se aseguró que ningún creyente quedara allí­, se presentó ante Dios; todo esto, en tres dí­as.  La pregunta es si eso fue mucho tiempo; y la respuesta es que depende de qué es lo que tú quieras ver.  Lo que tomó más tiempo fue preparar al hombre para que pudiera experimentar eso; porque las decisiones de los hombres fueron cambiantes y errantes. 

La Biblia dice que, antes que el hombre pecara, ya el Cordero habí­a sido inmolado.  Así­ que, antes de que comenzara a correr el tiempo, ya Dios habí­a preparado el sacrificio.  Todo es cuestión de la percepción que tú tengas.  En tres dí­as, Dios redimió todo el pecado del hombre; lo que tomó mucho fue llegar a ese tiempo; así­ que, ¿quién fue el lento?  El hombre.  Y, aun cuando ya Jesús llegó, no lo podí­an entender.  Dios no es lento, los lentos somos nosotros. 

'17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducí­os en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros,'  1 Pedro 1:17