EL DESEO DE DIOS

Hay diferentes tipos de pobreza, de escasez; hay diferentes niveles.  Está la pobreza natural o fí­sica por causa de la necesidad de algo material; está la escasez económica; la mental; porque hay personas que sus pensamientos le llevan a la pobreza.  Y la peor de las pobrezas, la espiritual.  Cuando alguien carece espiritualmente, carece todo entonces; puedes tener dinero, finanzas, pero si espiritualmente escasea Dios en tu vida, eres la persona más pobre del mundo.  Si lo que tienes es solamente dinero, pero no tienes conexión con Dios, entonces no eres una persona realmente próspera. 

Varias cosas nos llevan a la pobreza, ya sea espiritual, mental o natural.  Algo que hace que llegue la pobreza a tu vida es no conocer el deseo, la intención de Dios.  La religión, la tradición ha provocado que nos sintamos mal, que pensemos que, mientras menos dinero y cosas materiales tengamos, más espirituales somos.  Se ha espiritualizado la pobreza, y todo lo relacionado a la abundancia es malinterpretado.  El deseo de Dios es prosperar a sus hijos.  3 Juan 1:2 dice: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así­ como prospera tu alma.  Dios desea que tú prosperes, que progreses. 

En el Antiguo Testamento, Dios da diez mandamientos que, quien los siguiera, prosperarí­a.  Dios le dijo a Josué: Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de dí­a y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.  Por lo tanto, la persona que prospera es aquella que vive bajo los principios de la palabra del Señor. 

Jesús dijo que serí­a difí­cil que un rico entrara al reino de los cielos; pero también dijo 'Ahora ha llegado la salvación a esta casa' cuando, en el capí­tulo siguiente, Zaqueo, un rico, puso en orden su relación con las finanzas, entrando en un nivel de relación con Dios como nunca antes.  Pero, sobre todas las cosas, el seguir a Cristo era lo que terminarí­a prosperando abundantemente al joven rico.  Los discí­pulos se preocuparon con el comentario de Jesús, y preguntaron cómo entonces entrarí­an ellos al reino de los cielos.  Y el Señor dice: Cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.  í‰l estaba diciendo: Yo te voy a prosperar; tu decisión de seguirme te va a prosperar.  De la misma manera, tú no vas a llegar a la pobreza, mientras comprendas que el Dios al que tú le sirves quiere bendecirte, prosperarte, verte bien. 

Deuteronomio 28 nos habla acerca de las bendiciones de la obediencia, de donde podemos inferir que se llega también a la pobreza por la desobediencia a los principios de la palabra del Señor.  Todas estas bendiciones, dice la Palabra, que vendrí­an por escuchar atentamente la voz de Jehová y poner por obra sus mandamientos.  En contraste, del verso 15 en adelante, habla acerca de las maldiciones de la desobediencia, que vendrí­an por no oí­r la voz de Jehová para procurar cumplir sus mandamientos.  El resultado de la desobediencia es pobreza, problemas. 

Tú sabes lo que va a pasar si tus hijos desobedecen; no es que tú tengas un mal deseo para ellos, pero tú sabes que, si no hacen lo que tienen que hacer, eventualmente llegarán a maldición.  De la misma manera, es el deseo de Dios que tú prosperes; y para esto, tienes que obedecerle.  Si entendieras esto, obedecerle serí­a fácil.  Cuando tú no entiendes el deseo de Dios, entonces, obedecerle es complicado.  Si tus hijos entendieran que tú lo que deseas es lo mejor para ellos, cuando tú dieras una instrucción, no vendrí­an pensamientos de rebeldí­a, sino que concluirí­an que lo que les exiges es porque es para su bien. 

La persona que se rebela es la que piensa que aquel a quien tiene que obedecer no tiene las mejores intenciones.  Eso fue lo que pasó con Eva.  La serpiente le dijo: Dios te ha dicho que no comas de este árbol porque í‰l sabe que, si lo haces, serás igual que í‰l.  En otras palabras, puso duda en la intención de Dios al decirles que no comieran de aquel árbol.  Y ahora, cuando Eva pierde su perspectiva de quién es Dios y lo que quiere para ellos, piensa que Dios lo que quiere es retener algo de ellos, algo demasiado bueno, algo que í‰l –por capricho – no les quiere dar.  Cuando tú piensas de esta manera, vives en rebeldí­a. 

El joven rico era rico precisamente por cumplir con la ley.  í‰l preguntó a Jesús cómo obtener la clase de vida que Jesús tení­a, a lo que Jesús respondió: Cumple con los mandamientos, con la ley.  Y el joven rico dijo: Siempre la he cumplido.  Por eso era un hombre próspero, bendecido; porque habí­a cumplido con la ley.  Todo aquel que cumple con la ley, es una persona que progresa, que prospera y que es bendecida.  Aquel que desobedece, pagará las consecuencias de su desobediencia. 

Si tú quieres vivir en bendición, tienes que entender que desconocer el deseo de Dios para tu vida trae pobreza, y que también la desobediencia te empobrece.  El no obedecer a Dios, muchas veces, es resultado de no conocer el deseo de Dios.  Cuando tú conoces que el deseo de Dios es prosperarte y bendecirte y lo mejor para ti, entonces, todo lo que í‰l te pide lo haces con gozo, con alegrí­a.