HASTA QUE TU FE VEA

'10 Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habí­an sido de Job.'  Job 42:10 

El final de Job vino a ser mejor que el principio.  No hay problema en pasar el dí­a malo, si después que pasas el dí­a malo, sales mejor que como comenzaste.  El problema es que hay quienes van hacia atrás y nunca mejoran.  Pero los creyentes tenemos una promesa: Que después del dí­a malo, nuestra victoria es más grande que el primer dí­a.  La victoria de Dios para ti es que el dí­a malo no pudo detener lo que Dios tení­a preparado para tu vida, y que el enemigo va a tener que pagar por todos los problemas que tú tuviste que pasar.  Faraón tuvo que pagar la salida del pueblo de Israel, con oro y plata; tuvo que dejarlos ir con manos llenas.  Dios no va a permitir que tú pases por una dificultad y, cuando salgas, salgas peor que cuando entraste. 

Lo más grande del dí­a malo no es como tú entras, sino como tú sales.  La pregunta es si tú eres capaz de llegar hasta el final del dí­a malo.  Muchos lo extienden y nunca pueden ver la libertad de Dios.  Tú sales del dí­a malo, cuando dependes de la revelación de Dios y no de la información que tú puedes procesar rápidamente a través de tus pensamientos. 

'3 ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendí­a; Cosas demasiado maravillosas para mí­, que yo no comprendí­a.'  Job 42:3 

En esta escritura, vemos a Job en el último momento de su vida, que era el mejor momento; momento en que Dios iba a restaurar todas las cosas.  Y Job está diciendo: En medio de mi crisis, habí­a cosas que jamás habí­a visto, que mi mente no podí­a entender.  Y una de las cosas que te ayuda a ti a salir del dí­a malo, es abrir tu espí­ritu a recibir la revelación de Dios que hay encerrada detrás de todo aquello que está ocurriendo en tu vida. 

Como creyente, tú no dependes de la información; tú vives por la revelación que está detrás de todo aquello que tú no puedes ver.  Detrás de todo lo que tú estás viviendo, hay algo más grande que Dios te quiere mostrar.  No extiendas tu dí­a malo, moviéndote por la información que puedes procesar.  Vive por un nivel más grande. 

Dice la Biblia que el profeta oró siete veces para que lloviera, y no veí­a nada.  Lo grande es que él mandaba a su siervo cada vez que oraba, para que mirara.  Cuando regresó la séptima vez, el siervo le dijo: Veo una nubecita como la palma de una mano.  Ese siervo representa nuestra fe.  Tu fe es tu siervo.  Tú tienes que orar para mandar a tu fe a mirar.  Y tú tienes que volver a orar, hasta que tu fe vea algo.  Y, cuando la fe llega, llega diciéndote: Lo que veo es algo pequeño.  Pero es que la fe nunca necesita ver algo grande para recibir el milagro de Dios para ti.  Todo lo que hace falta que tu fe vea es una pequeña semilla, algo simple. 

Y el profeta declara: Grande lluvia se oye.  No dijo que se veí­a grande lluvia, sino que se oí­a.  Y es que tú no ves revelación, tú oyes revelación.  Y lo que hace la revelación es mostrarte lo que hay detrás de lo que tu fe ha visto.  Y eso es lo que te ayuda a ti a salir del dí­a malo. 

Elí­as le dijo a todos que se preparan, porque grande lluvia se oí­a.  Quizás tú no estás viendo nada, pero la pregunta es: ¿Qué es lo que tú estás oyendo?  Cuando tú miras el dí­a malo, todo lo ves seco, difí­cil, pero ¿qué tú estás oyendo?  Si miras la Palabra, vas a ver que hay grande lluvia que viene para tu vida.  Hay cosas más grandes, maravillosas, que tú todaví­a no has visto, y es que tú no necesitas verlas, sino oí­rlas.  Cuando las oigas, entonces las verás.  Comienza a actuar, no basado en lo que tú estás viendo, sino en lo que estás oyendo de parte del Dios Todopoderoso. 

Que tus decisiones no estén basadas en el dí­a malo que estás viviendo, sino en la promesa de Dios que oyes.  Algo grande viene para tu vida.  Haz tus preparativos, no basados en la información que puedes procesar a través de tus sentidos, sino a través de tu espí­ritu; y eso se llama revelación. 

Job estaba diciendo: Mi actitud, en algunos momentos, no fue la correcta; me desesperé, me puse ansioso, porque no entendí­a todo lo que tú tení­as para mí­; me arrepiento porque ahora veo que, detrás de todo, habí­a algo más grande, más poderoso. 

Tú tienes que depender de la revelación que has recibido.  Deja de estar escuchando y haciendo planes basado en lo que el mundo te dice.  Cada vez que vas a la casa del Señor, debes tomarlo como una palabra de parte de Dios para tu vida, y basar en ellas tus decisiones.  Y hoy Dios te dice que llegó el final de tu dí­a malo.  Cierra viejas temporadas, viejos capí­tulos, y recibe esta palabra.  Enví­a tu fe y declara que hoy se acaba tu dí­a malo, y cuando termine, terminarás mejor que cuando comenzaste.