Lo invisible

'24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, 26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tení­a puesta la mirada en el galardón. 27 Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. 28 Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruí­a a los primogénitos no los tocase a ellos.'  Hebreos 11:24-28 


Hebreos 11 habla de los comienzos de la victoria de Moisés; victoria que comenzó cuando decidió dejar aquello que era bueno.  En Egipto, Moisés vivió una buena vida; fue a la universidad, aprendió varios idiomas, tuvo dinero.  Moisés no tení­a que haber huido al desierto porque, si Dios pasó todo el trabajo de ponerlo en Egipto, era porque desde allí­ lo iba a usar.  Eso fue lo que hizo Dios con José, lo llevó a Egipto, lo hizo gobernador, llevó al pueblo de Dios a Egipto, el pueblo de Dios prosperó en medio de Egipto, y los hizo un ejército grande.  Dios hubiese podido hacer lo mismo con Moisés, pero debido a los errores que cometió, salió de allí­ y vivió cuarenta años en el desierto. 


Lo grande es que, cuando Moisés salió de Egipto, aun en el desierto, Dios lo prosperó y lo hizo rico.  Moisés no era cualquier loco que estaba en el desierto sin hacer nada; cuando Dios le habló sobre su encomienda, ya era un hombre mayor y casado.  Cuando Dios le habló, Moisés tení­a muchí­simas cosas por las que podí­a decir: No, Señor, mejor enví­a a otro; yo estoy bien, estoy cómodo.  


Pablo mismo decí­a, en Filipenses 3:12, '…prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.'  Pablo dice: Un dí­a, el evangelio y la voluntad de Dios me alcanzó y, desde entonces, intento hacer aquello para lo que fui llamado.  Tú tienes que entender lo privilegiado que eres; no se trata de que fuiste salvo, se trata de que un dí­a la salvación te alcanzó y, por más que tratas de regresar al mundo, hay algo dentro de ti que siempre te llama.  Tal vez has dado vueltas por los viejos lugares, pero hay algo dentro de ti que te dice: No me puedo dejar, tengo que volver, tengo que arreglarme.  Hay algo dentro de ti que siempre que te sales del camino, te dice: Da la vuelta.  Hay algo que no te deja de hablar, que no te suelta, que te dice: Esto no es lo mejor que yo tengo para tu vida.  Eso fue lo que pasó con los grandes hombres de Dios, eso fue lo que le pasó a Moisés. 


Dios no iba a dejar a Moisés en el desierto, pero Moisés iba a tener que renunciar a todo lo bueno que tení­a.  Moisés, por fe, tení­a que renunciar y seguir lo invisible.  La pregunta es: ¿Eres capaz de moverte hacia adelante, siguiendo lo invisible, dejando lo visible?  Tal vez no sabes todo lo que va a pasar, pero el deseo de experimentar cada dí­a lo que Dios tiene para ti, será mayor.  Para poder vencer el reto de tu pasado, tienes que aprender a caminar a lo invisible, a caminar a lo que no ves, a lo que no entiendes.  Tienes que aprender a caminar hacia eso que no ves, pero que sabes está ahí­ porque hay algo dentro de ti que te llama, que influye para moverte.  Comienza a moverte porque un dí­a lo verás en la vara que se convierte en serpiente, cuando se abra el mar, en el maná que cae del cielo en el desierto, cuando salga el agua de la peña.  En tu caminar por el desierto, todos los dí­as, aunque no estés seguro de lo que verás, puedes estar seguro de que verás Su mano obrar.  


Te puedes quedar con lo que ves, con lo que conoces, con lo que ya has experimentado, o comenzar a caminar siguiendo esa voz que está dentro de ti, sabiendo que vivirás lo bueno de Dios para tu vida.  Vivirás lo que es bueno, agradable, perfecto que Dios tiene para ti, y lo verás todos los dí­as.  


Si no sales de donde te encuentras, nunca verás tu empleo convertirse en una empresa.  Si no sales del lugar en el que estás, nunca podrás ver todo lo que Dios puede hacer en tu vida.  Hasta que no te atrevas a dejar lo bueno que has tenido, nunca podrás ver hacia el futuro y extenderte hacia adelante; no podrás ver todas las cosas que Dios tiene para tu vida.  Moisés pudo haber dicho: Dios fue bueno; porque, mientras todos los niños de dos años murieron, a él lo cuidaron en casa del Faraón, estudió en las mejores universidades, comió de la comida del rey, aprendió idiomas.  Pero Moisés decidió dejar todo a un lado por lo que querí­a experimentar, aunque le dijeran loco.  


¿Cómo dejas ese trabajo que es bueno?  ¿Cómo dejas a la gente que siempre ha estado contigo?  Tienes que pensar que, mientras estén ahí­, no podrás experimentar todo lo que Dios tiene para tu vida.  ¿Cómo sigues lo invisible?  Teniendo la misma intención que siempre tuvo Moisés; él nunca buscó poder, ni milagros, ni dinero; tení­a una sola intención: Sacar al pueblo para que adorara a Dios.  Todo aquel que tiene por meta salir de donde esta para adorar a Dios, dondequiera que vaya, verá a Dios.  


Experimenta lo grande de Dios, dejando lo bueno que conoces, dirigiéndote a una sola cosa: salir de donde estás para adorar y servir a Dios.  Cuando ese sea tu deseo, dondequiera que tú vayas, verás la prueba de Dios sobre tu vida.  Atrévete a salir, desafí­ate hoy y no permitas que tu buen pasado te detenga de lo mejor que Dios tiene para ti.