MILAGROS, REVELACION Y SU PRESENCIA

En í‰xodo 33, Moisés se encuentra en una disyuntiva.  Dios le ordena sacar al pueblo.  í‰l les habí­a dado ciertas experiencias, les habí­a mostrado el monte Sinaí­ ardiendo, les habí­a dado un pacto.  Lamentablemente, tení­an un becerro de oro cuando Moisés bajó; pero Dios estaba trabajando con ellos; y le dice a Moisés: Es hora; sácalos de aquí­.  Y Moisés dice: ¿Quién va a ir conmigo?  A lo que Dios responde: Mi ángel.  Pero Moisés dijo: Si tu presencia no va conmigo, mejor no me saques de aquí­. 

Para ser emancipado de la esclavitud, tú necesitas conocer el poder milagroso de Dios y el poder revelador de Dios, pero entendiendo que ni el milagro ni la revelación son sustitutos de su presencia.  Porque, ¿de qué te sirve tener el milagro y la revelación, si tú no estás seguro de la presencia de Dios en tu vida?  El pueblo de Israel nunca entendió que la razón por la que Dios los emancipó, era para que estuvieran delante de su presencia las 24 horas del dí­a.  Dios querí­a que la vida del pueblo de Israel no girara alrededor de Egipto; í‰l querí­a ser el centro del campamento, que su tabernáculo, su presencia estuviese en el centro, y les guiara; que pudieran experimentar su presencia. 

Los milagros que tú has visto, ha sido Dios queriendo ser el centro de tu vida.  ¿No has visto más milagros?  Entiende que la vara cambió tan solo dos veces.  Tómala, y sigue hacia adelante, creyendo que Dios va a hacer algo, aunque no vuelva a cambiar.  Dios te ha dado revelación, y lo que tú tienes que saber es que í‰l te va a sacar; pero, para tú entrar a la tierra prometida, tienes que saber que no es el milagro ni la revelación los que te llevan, sino la presencia de Dios la que te abre la posibilidad para tú poder entrar. 

Esa fue la diferencia de Josué y Caleb.  Ellos le dijeron al pueblo: Nos los vamos a comer como pan, porque Dios está con nosotros.  De la misma manera, lo que va a pasar en tu vida, no es por un milagro, es porque la presencia de Dios va contigo.  Aspira a la presencia de Dios.  Estés enfrentando lo que estés enfrentando, si Dios va contigo, tú vas a salir de donde estás y vas a alcanzar todo lo que í‰l te ha prometido.  Dile a Dios que, como Moisés, tú quieres saber que í‰l va contigo, que su Espí­ritu que te dirige.  Ora por milagros, por revelación, pero pí­dele al Señor una experiencia con su presencia, que tú puedas percibir que í‰l está contigo.  No hay problema con que Dios enví­e ángeles, que enví­e gente a tu vida, pero dile a Dios: Yo te quiero a ti.  Ser verdaderamente libre es ser una persona cuya aspiración es la presencia de Dios.  Quien depende de milagros y revelaciones y su pasión no es la presencia, todaví­a no ha sido liberado a una nueva dimensión. 

Cuando Dios sacó al pueblo de Israel de Egipto y los llevó al monte Sinaí­, todo lo que í‰l querí­a era que el pueblo lo viera.  Moisés vio la zarza arder; lo que comenzó con un pequeño arbusto ardiendo, terminó en un monte completo ardiendo.  ¿Por qué?  Porque Dios querí­a que todo el pueblo tuviera la misma experiencia que habí­a tenido Moisés: Un encuentro con Dios, en medio del desierto; que se encontraran con su presencia. 

Pí­dele a Dios un encuentro con su presencia.  No le temas, no pienses que no eres digno.  Hemos visto tantas pelí­culas, que pensamos que se trata de una luz que vamos a ver, de un ruido que vamos a escuchar.  Entonces, limitamos en nuestra mente lo que Dios puede hacer.  Lo grande es que Dios nunca te habla de una manera que tú no lo puedas entender, nunca se te va a mostrar de una forma que tú no lo puedas comprender.  La presencia de Dios se manifiesta de diferentes maneras a diferentes personas; pero tú vas a saber: Dios estuvo aquí­.  Porque es imposible que í‰l llegue delante de ti, y que tú no lo puedas percibir. 

Dios te va a dar una experiencia como a Jacob, que cuando te levantes, podrás decir: '¡Cuán terrible es este lugar!  Esto no es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.'  Ese encuentro puede ser algo tan sencillo como sentir paz en tu interior, sentir descanso; puede ser como oí­r un susurro; puede ser una respuesta a través de una persona que ni conoces; pero tú vas a saber que fue Dios, tendrás la certeza de que experimentaste algo.  La pregunta es si tú lo quieres, si aspiras a eso. 

Solo aquellos que viven en la presencia de Dios y aspiran a ella son los que viven en total libertad, son los que han sido realmente libres de Egipto porque la razón por la que Dios te saca de Egipto es para que í‰l sea el que dirija y gobierne toda tu vida. 

Dile a Dios: No me saques de aquí­, si tu presencia no va conmigo.  Dios va a hacer tres cosas: Milagros, te va asignar gente, va a poner ayuda a tu lado, conexiones divinas, gente que levantará tus manos, que tendrán talentos que tú no tienes; Dios se va a revelar a tu vida, vas a saber qué decir, sabrás cada movida de Dios; y tú tienes que aspirar a la presencia de Dios, porque te vas a dar cuenta que, a la larga, no importan los milagros ni la revelación; si Dios no está, nada importa.  

Tiene que llegar un momento en tu vida donde solo la presencia de Dios sea lo que realmente traiga satisfacción a tu vida.  Que, si í‰l no te diera un milagro más, saber que í‰l está sea suficiente para ti.  Que, si no te diera más revelación, el hecho de que í‰l esté, signifique que tú tienes absolutamente todo.