Tu duda, es tu posibilidad

'Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te enví­o yo? Entonces le respondió: Ah, señor mí­o, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí­ que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.'  Jueces 6:14-17 

En esta porción, Dios le dice a Gedeón que lo usarí­a y que irí­a con él.  Gedeón comienza a usar como excusa quien es él: Vení­a de la tribu más pequeña, sus padres eran pobres, ¿cómo podrí­a Dios usarlo a él?  Gedeón comienza a dudar.  Las personas ven sus dudas como sus más grandes problemas, pero ante Dios, tus dudas son tu mejor oportunidad porque, cuando Dios te da una palabra, y tú dudas por un momento de lo que puedes hacer, es porque estás en el umbral de salir de la situación que estás viviendo.  No puede haber fe, si primero no ha habido una duda.  Muchas veces en nuestra vida, la forma de tener fe es haber dudado primero, porque tus dudas te obligan a dos cosas: Te quedas en la cueva donde estás, o le crees a Dios para salir.  Así­ que, cuando llega una duda a tu vida, especialmente en tu crisis de identidad, es tu posibilidad de hacer algo que nunca habí­as pensado que podí­as hacer.  

Mientras no se han cuestionado las cosas, no hay fe.  Cada vez que Dios te da una palabra, viene la duda, pero no es malo, es la posibilidad que Dios te está dando en ese momento de tú tomar una decisión.  ¿Cómo sales de la duda?  Tienes que decidir qué quieres: Volver a lo que conoces, o creer que Dios va contigo para darte lo que te está prometiendo.  Si tienes muchas dudas, es que Dios te está hablando para moverte del lugar en donde estás y llevarte a un nuevo nivel.  Dios está tratando contigo y te está poniendo a creer por algo que nunca habí­as creí­do.  Empiezas a poner como excusa todas tus situaciones, pero gloria a Dios, porque ves todas las razones por las que piensas que no puedes, pero la pregunta es, ¿a quién le vas a creer, al Dios que te está llamando para hacer la misión que tienes que hacer, o vas a creer las circunstancias que han querido determinar quién eres?  

Tus dudas no son un problema, sino uno de los mejores momentos para salir del lugar en que estás, y moverte a creer por algo más grande.  Hay gente que nunca hubiera creí­do, si primero no hubiera dudado.  Si no hay un reto que te haga dudar, no te mueves al nivel más grande de tu vida.  Si no hay algo que te haga dudar de que sea posible, no verás lo posible de Dios para ti.  Por eso es que muchas veces Dios te lleva a lugares, y te pone pensamientos en tu cabeza y empiezan a cuestionarte si es posible.  Dios conoce tus debilidades y limitaciones, por eso es que í‰l va contigo.  Después que Dios se empeña en usarte, y en que entiendas que í‰l te llamó por encima de tus complejos, í‰l va a estar persiguiéndote hasta que tus dudas desaparezcan, y te atrevas a creer que es con la fuerza de Dios que tú vas a vencer.  Cada vez que te has querido lanzar a algo, viene la duda, y empiezas a pensar de la manera en que piensa el mundo: 'si el banco no me lo aprueba…', 'si aquel no me ayuda…', 'es que yo deberí­a tener esto…'.  Dios te dice: 'Yo voy contigo'.  

Cuando Gedeón se decide a hacer lo que Dios le habí­a mandado, tení­a un ejército de más de treinta mil personas, y Dios dice que eso es mucho porque, si iba con ese ejército, iba confiado en eso y no en Dios.  Dios no te llamó porque seas el más grande, te llamó porque te atreviste a creer por encima de tus dudas.  El ejército se redujo a diez mil personas, y Dios dijo que todaví­a eran muchos, y lo bajó a trescientos.  Dios le dejó la cantidad que Gedeón podí­a manejar; Dios no te lleva a hacer cosas grandes más allá de tus capacidades, í‰l usa tus capacidades para hacer todo lo grande de í‰l.  Dios no necesitaba alguien que pudiera manejar treinta y tres mil, í‰l necesitaba a alguien que creyera que con trescientos Dios le podí­a dar la victoria.  Todo lo que hací­a falta era alguien que creyera.  Ahora, tú decides si permites que tu crisis de identidad te detenga, o te atreves a creer que Dios va contigo en esta nueva temporada.  No es fácil, pero Dios ha dicho que í‰l va contigo.  No es que no vayas a tener problemas, es que a pesar de ellos Dios va contigo y te dará la victoria.  Aun cuando no tengas todos los recursos, podrás dar testimonio de que le creí­ste a Dios, y por eso llegaste a otro nivel.  Los milagros más grandes de tu vida llegan después de una duda, lo importante es que después que creas no vuelvas a dudar. 

Una de las cosas que tendrás que vencer es la crí­tica de la gente; ellos se molestan cuando tú dejas de creer en lo que ellos opinan, y comienzas a creer en lo que Dios opina de ti.  Se molestan porque tu fe atrae a tu vida aquello por lo cual estás creyendo, el dí­a que dejas de creer en la opinión de la gente, los sacas de tu espacio.  Entonces, la gente se molesta porque ellos saben que ya no ocupan espacio en tu vida.  La gente quiere hacerse indispensable para ti porque de esa manera te controlan.  

Tu crisis de identidad termina cuando con tu fe atrae a tu espacio al Dios Todopoderoso, y dejas de pensar que a pesar de lo que no tienes Dios te va a dar la victoria que te ha prometido.  Estás en el mejor lugar y el mejor momento de tu vida, no tengas miedo si tienes una duda, atrévete a creer por encima de lo que estás viviendo.  Entiende que es un reto de Dios llamándote a salir de la cueva, y darte la victoria más grande.