TUS EMOCIONES Y TUS FINANZAS

La Biblia habla mucho del tema de las finanzas, por su conexión con nuestras emociones.  En Mateo 6, Jesús habla acerca de la presión emocional que siente una persona cuando no tiene su confianza en Dios, especí­ficamente en cuanto a la provisión para sus necesidades. 

No podemos negar que, en momentos crí­ticos económicos, nuestras emociones se distorsionan; llegan el miedo, la preocupación, la ansiedad; perdemos el sueño.  Tienes que aprender, a través de la Palabra, a tomar control y autoridad sobre tus emociones; el dinero no es lo que debe darte este control, esta paz emocional.  Tu paz y libertad emocional, tu capacidad de manejar tus emociones van a demostrar la fe, la expectativa y la confianza que tienes en Dios, y entonces vas a tener los resultados económicos que debes tener. 

Tus emociones deben ser resultado de tu confianza y seguridad en Dios.  Confí­as en Dios, estás seguro en í‰l, de que í‰l va a proveer; por lo tanto, experimentas paz, tranquilidad, control, aun en medio de las peores circunstancias económicas; y, eventualmente, recibirás la provisión que necesitas.  La fórmula no puede estar al revés.  Si la fórmula es: Tengo dinero, tengo paz; entonces estás viviendo bajo la fórmula del mundo.  Innegablemente, las situaciones económicas tienen un efecto en las emociones, pero tú tienes que tomar control desde el espí­ritu, para entonces ver el resultado en tu economí­a.  No puedes pensar como el mundo; que si tomas control de tu economí­a, entonces tendrás paz en tu corazón, mente y emociones, para entonces poder disfrutar de lo que Dios tiene para ti. 

Si tus emociones están descontroladas; si tienes miedo, preocupación; la solución no es el dinero, la solución es Dios.  El dinero llegará.  Hay quienes tienen mucho dinero, y su alma se pierde.  Jesús habló de un hombre rico que hizo graneros más grandes, y el Señor le dice: Esta noche se llevan tu alma.  No que fuera a morir, sino que, por más que hiciera provisión, si su confianza estaba en el dinero, tan pronto el cambio económico llegara, sus emociones se iban a descontrolar, su alma se iba a perder. 

Toma autoridad sobre todo pensamiento contrario; háblale a tu mente, a tu corazón, para que tengas la confianza de creerle a Dios por tu libertad económica, la seguridad de que Dios va a suplir lo que tú necesitas; y paz va a venir a tu vida, y el reflejo de esa paz y esa confianza será que verás en tu vida los milagros económicos que tú necesitas. 

Tú éxito no depende de la cantidad de dinero que tú tengas o puedas acumular.  De lo contrario, muchos no alcanzarí­amos lo que, delante del Señor, es una vida exitosa.  Como creyentes, para tener éxito, tenemos que reconocer el Dios al que servimos y su intención en nuestra vida; qué es lo que í‰l quiere, y lo que no.  Tu revelación de Dios, el Dios que tú conoces, y no tu dinero, determina tu éxito.  No es el dinero lo que añade valor a tu vida; si tienes buena autoestima, si te consideras valioso, a pesar de tus circunstancias, eventualmente se verá el reflejo de ese valor que pones en tu vida, por causa de lo que Dios ha hecho por ti en la cruz del Calvario, entonces verás resultado en el mundo exterior. 

El éxito en la vida depende, además, de los riesgos que estés dispuesto a tomar.  Muchos piensan que solo gente de dinero toma grandes riesgos; pero fue cuando tení­an poco que lo arriesgaron todo.  El riesgo no es proporcional a la cantidad de dinero que tienes, sino a la cantidad de dinero que te sobra cuando te atreves a hacer algo. 

Así­ que el éxito es resultado de varias cosas: De lo que conoces de Dios, de lo que piensas que vales y de los riesgos que estás dispuesto a tomar en tu vida para alcanzar el éxito que Dios te ha prometido.  Tu libertad económica depende de tu confianza en Dios. 

'25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?'  Mateo 6:25 

No que Jesús menospreciara el alimento y el vestido; lo que está diciendo es: Aprecia la vida porque es más que eso.  Y en los versos siguientes, el Señor muestra lo que elimina el afán de tu vida: Conocerle.  Si í‰l tiene cuidado de las aves, de la yerba, de las flores, de su creación, ¿no eres tú parte de lo que Dios creó?  ¿No cuidará í‰l de ti? 

Cuando te acercas a Dios con prejuicios, con una consciencia errónea, no lo haces entendiendo realmente el bien que í‰l quiere para ti.  Estos versos nos enseñan, además, el deseo de Dios de cuidar de ti.  Nunca podrás prosperar pensando como los religiosos; que Dios no se mete en tus finanzas, que í‰l no tiene cuidado de estas cosas, que no va a guardar de ti en esta área.  Si pensaras que lo que Dios hace es quitar, ¿cómo te acercarí­as a Dios?  Vivirí­as con miedo, con temor, afanado, atado al sistema del mundo. 

El éxito no depende de la cantidad de dinero que tengas, sino de la revelación que tengas de Dios; y esta revelación debes ser que í‰l cuida de la creación de la que tú eres parte, por lo que también cuida de ti.  Jesús dijo en una ocasión: Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre que está en los cielos.