Un espiritu de ofensiva

'Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así­ ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre. Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra; y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz.'  

Jueces 6:8-10 


La crisis de identidad viene a nosotros porque, cuando Adán peca, su espí­ritu muere.  Cuando tu espí­ritu está muerto, pierdes aquello que te ayuda a defenderte de toda idea contraria de lo que tú eres.  Cuando tu espí­ritu muere, cualquier cosa que pongan en tu cabeza, va a entrar en ella.  Es por eso que tienes que levantar el espí­ritu de tus hijos, darles seguridad y confianza, porque no puedes evitar que el mundo ponga pensamientos negativos en ellos, pero puedes darles la fortaleza para defenderse y no permitir que lo que otros digan se les meta en la cabeza.  Tu trabajo es prepararte para cuando el mundo quiera poner argumentos en tu mente, tengas la firmeza de lo que debes contestar y estar listo para lo que pueda venir.  Cuando el pensamiento se te mete en la cabeza, sacarlo de ti es complicado.  Aunque haya resistencia, y sea duro resistir las tentaciones, es mejor pelear ofensivamente que tener que sacar los pensamientos a la defensiva. 


Dios puede sacar de tu mente cualquier pensamiento negativo, pero es mejor que mantengas tus oí­dos cerrados a ellos.  Si no hubieses permitido que ese pensamiento se metiera en tu cabeza, quizás no estuvieras hoy luchando con esos miedos en tu interior y consecuencias.  Si la defensa hubiese estado firme, hubieses sabido cómo reaccionar y mantenerte en medio de todo.  Es por eso que tu espí­ritu debe estar siempre estable; no deberí­as salir a la calle sin orar y leer la Palabra.  No empieces una semana pensando que puedes aguantar todo lo que escuches; sacar un mal pensamiento de la cabeza es veinte veces más difí­cil que no dejarlo entrar.  Lo negativo se acepta rápido, creer lo positivo es más difí­cil.  Elí­as oró una vez para que no lloviera, y le tomó orar siete veces para que lloviera nuevamente.  El espí­ritu de Jacob murió cuando sus hijos le dijeron que José habí­a muerto, lo creyó por trece años, y cuando le dijeron que José estaba vivo, no lo podí­a creer.  Cuando has creí­do una mentira por tanto tiempo, cuestionas la verdad.  Por eso es que tu defensa debe estar alta, y nadie debe poner pensamientos negativos en tu cabeza.  


Hay quienes creen que piensan libremente, pero no se dan cuenta que hay otros pensando por ellos.  Pregúntate quién se te ha metido en la cabeza porque, hasta que no lo saques, Dios no tiene espacio para poner lo que í‰l quiere hacer contigo.  La crisis de identidad que experimentas es porque alguien está pensando a través de ti.  Es tiempo de que seas libre, te muevas hacia adelante, y aprendas a verte como Dios te ve.  Hasta que no aprendas a mirarte como Dios quiere, siempre vas a estar sujeto a lo que otro está pensando por ti.  


Siempre vemos el llamamiento de Gedeón, pero no vemos el ambiente que Dios fue preparando antes de llamarlo.  Antes que el ángel se le apareciera a hablarle a Gedeón, Dios prepara el ambiente completo del pueblo, y comienza a decirles, a través del profeta, que í‰l los sacó y los libró, pero ellos no habí­an hecho lo que tení­an que hacer.  Dios prepara el ambiente en el pueblo con la palabra, para poder aparecérsele a uno.  Dios siempre está buscando a uno que se atreva a hacer lo que el pueblo completo no se atreve.  Por eso tienes que predicar la Palabra, porque no sabes quién es el Gedeón al cual Dios se le va a aparecer; si el ambiente no está preparado, no se puede levantar alguien para que tome las riendas y lleve al pueblo a creer la Palabra que Dios ha dicho.  


Dios tiene que preparar la fe del pueblo para que tenga una nueva identidad.  El profeta les estaba dando a entender que el pueblo no era para estar en cuevas y cavernas, cuando ellos habí­an sido librados de los egipcios.  Dios comienza a darles, a través del profeta, una nueva identidad al pueblo para que entiendan que ellos no están viviendo aquello para lo cual í‰l los sacó.  Ahora Dios tiene que levantar a uno que se atreva a dirigir ese pueblo, y se atreva a creer, por encima de sus dudas, para poder llevar al pueblo al cumplimiento de lo que Dios estaba diciendo.  Cada vez que Dios lanza una palabra, í‰l prepara el ambiente para que te atrevas a salir y llevar al ejército a la victoria.  Predica la Palabra del Señor y prepara el ambiente, porque el pueblo va a salir con la expectativa de que algo va a pasar.  El pueblo tiene que tener la identidad correcta, si no entiende que no fueron creados para estar en cuevas y cavernas, y no entienden lo que Dios ha hecho con ellos, nunca saldrán de donde están, aunque Dios le hable a un Gedeón.  Las personas quieren una transformación en sus paí­ses, pero hay que hablarles la Palabra primero, hay que sembrar la semilla para que tomen esa palabra, la crean, y salgan del lugar en donde están.  


Dios prepara el ambiente dejándoles saber que í‰l es el Dios que los sacó, que los libertó, y que ellos no fueron hechos para vivir en cavernas.  Dios quiere hacerte saber el trabajo que í‰l ha hecho por ti, para que comprendas que tú no fuiste hecho para vivir en cuevas; cuando Dios te llamó del lugar donde estabas, fue para llevarte a la tierra que fluye leche y miel, y tengas una vida más allá de lo que jamás habí­as imaginado.  Te libertó para que te atrevas a creer que lo que estás pasando es algo temporero.