Quienes se aferran al poder están convencidos de que se
mantendrán en él por siempre. Hemos visto cómo algunos llegan al punto de
creerse dioses y de apoyarse en la ley del egocentrismo para aprovecharse de
los más pobres y abandonarlos. No obstante, el tiempo de algunos malvados ya
está llegando a su final. En ocasiones nos impacientamos y no tomamos en cuenta lo que
la Palabra de Dios promete: 'como hierba serán pronto cortados, y como la
hierba verde se secarán' (Salmo 37). La pregunta es: ¿por qué seguimos
incrédulos ante esta promesa? La impaciencia y el deseo exacerbado de que todo
sea bueno y loable nos conduce a un mundo de ansiedad y perfeccionismo excesivo. El compromiso de Dios es que todo acabará, y el nuestro, como
hijos suyos, es no enojarnos, resistir sin celos la aparente felicidad de los
perversos. ¿Estamos dispuestos a dejar el pensamiento perfeccionista de un
mundo mejor y confiar que Dios tiene algo maravilloso para nosotros? Si es así, confesemos que Él es el Señor,
entreguémosle nuestra nación y creamos en su Palabra. La maldad no permanece, en
cambio Dios es para siempre. Pastor Francisco Andrades